LA CATEDRAL

Un rico y bello crisol de culturas

La Catedral de Santa María de la Huerta se ha ido configurando con el devenir de los siglos en una de las principales señas de identidad de Tarazona. Con la impresionante y a la vez silenciosa presencia del Moncayo cubriéndole las espaldas, la hermosa catedral aragonesa resulta en sí misma un auténtico crisol de culturas, pues no en vano aúna elementos góticos, mudéjares e incluso renacentistas, procedentes de las distintas etapas de su formación.

Santa María de la Huerta fue fundada en una fecha todavía imprecisa del siglo XII por doña Teresa Cajal, madre de don Pedro Atarés, fundador del magnífico monasterio circenciense de Veruela, obra que comparte protagonismo con la catedral en toda la zona, rivalizando ambas por su indiscutible belleza. A finales del siglo XII y comienzos del XIII Santa María de la Huerta terminó de levantarse con un marcado estilo gótico, siendo definitivamente consagrada el año 1235.

Pese a que su estilo es gótico, también posee una delicada combinación con elementos puramente mudéjares. Especialmente resaltables son, por su evidente carácter mudéjar, el cimborrio, la torre y el claustro. Este último, recientemente restaurado tras las largas y complejas obras del interior de la iglesia, presenta preciosas y trabajadas celosías típicamente mudéjares.

Durante los siglos XV y XVI Santa María de la Huerta introduce elementos renacentistas que, en determinados casos, parecen desvirtuar en buena medida la obra original, dificultando su estudio y la valoración que debe determinar sus elementos autóctonos y aquellos que presentan una marcada influencia francesa.

Desde su perspectiva artística, destaca esta catedral por la riqueza de sus materiales, en especial en su etapa mudéjar. Los alarifes, esto es, los albañiles mudéjares, utilizan como elemento principal el ladrillo, que aparece combinado con yeso, madera y cerámica. Esta última sirve a su vez para introducir elementos de color.

Santa María de la Huerta presenta una planta de cruz latina con tres naves. Su cabecera es semicircular, con un deambulatorio al que se abren varias capillas. El crucero aparece rodeado por pequeñas torres, que reciben el nombre de torres linterna.

El pórtico principal de la catedral es obra del siglo XVIII. En él destaca la portada de carácter renacentista, esculpida alrededor de 1578, en la que se combinan con exquisito gusto cariátides (figuras femeninas que simbolizan virtudes) con las representaciones de san Pedro, san Prudencio, San Gaudioso y San Pablo, así como destaca en la clave la imponente figura de la Caridad.

Clara Duplá